Cantora, poeta y educadora, Daniela Sepúlveda, “La Charawilla”, es una de las voces activas de la música porteña actual. Su trayectoria entre la décima, el bolero y la docencia artística, da cuenta de un compromiso con la transformación social desde el arte, especialmente a través del trabajo en las aulas y la creación colectiva.

Participa en SIMUVAL, el Sindicato de Músicos y Músicas de Valparaíso, donde están impulsando un dossier profesional que busca visibilizar y poner en valor la diversidad de proyectos musicales que se desarrollan en la ciudad. Esta herramienta no sólo apunta a fortalecer la circulación de los artistas, sino también a abrir nuevas oportunidades de trabajo y reconocimiento dentro y fuera del territorio.

Sobre este proyecto que surge en el Comité Gestor de la Música de Valparaíso Creativo, conversamos con Daniela, quien comparte su visión crítica sobre el estado actual de la cultura, la necesidad urgente de profesionalizar el sector y el valor de construir comunidad. 

¿Cuál fue tu primer encuentro con la música?

–  Mi primer encuentro con la música fue dentro del ambiente familiar. Cuando niña los carretes de mi familia eran para juntarse a cantar. Mis abuelos, mi mamá y mis tíos,  todos cantaban. 

Cuando me descubrí Cantora, por muchos años tuve el sentimiento de que me hubiera gustado ser parte de ese linaje de Cantoras; mi abuela fue dueña de casa, mi mamá Parvularia y mi tía Secretaria. Con el paso del tiempo, reconciliándome y redescubriendo mi linaje femenino, me di cuenta de que yo sí vengo de un linaje de Cantoras, que quizás no nacieron ni en el lugar ni en el momento indicados para dedicarse a ello. 

Desde ese momento he empezado a honrar la memoria de mi abuela, que fue la primera Cantora de mi familia. Ella estudió piano desde muy niña y su carrera fue muy breve, ya que su padre apostó su piano a los 18 años y lo perdió. Mi bisabuelo era ludópata y cuenta la leyenda que fue hasta dueño del Cinzano un año, que lógicamente lo ganó y lo perdió apostando. Sin embargo mi abuela, Adela Besa Escurra, mantuvo su vozarrón toda la vida. Yo crecí escuchándola cantar siempre y podría dar por firmado que mi abuela habría sido la reina de la Bohemia Porteña.

¿Cómo fue tu tránsito hacia el canto a lo poeta?

– Uf. Mi tránsito al Canto a lo Poeta fue bien mágico y casi por casualidad, porque yo a mis 20 años era súper punky. Me fui a vivir a Rancagua por amor y, por esos años, empecé a cantar en las micros y restoranes a la gorra para vivir y ahí comencé a descubrir y conectar con la obra de la Violeta. 

En ese proceso me pregunté si existían aún Cantoras y Cantores para recopilar y empecé a ir a los campos alrededor de Rancagua en esa búsqueda, pero para ese entonces nunca había visto un Guitarrón Chileno, ni tenía idea de que existieran los Payadores. 

El camino me sorprendió y en vez de encontrar Cantoras, me encontré con el mundo del Cantor Campesino y el Canto a lo Poeta, que por tradición era un mundo muy masculino. Yo no me acerqué a ese mundo pensando en convertirme en Cantora, yo iba de fanática, pero por esos años habían muy pocas mujeres Payadoras y poca gente joven payando, entonces los mismos Cantores me empezaron a entusiasmar para hacerlo.

Por mi parte, también vi que no había mucho repertorio de décima escrito por mujeres, el único referente que teníamos en publicaciones era la Autobiografía en Décimas de Violeta Parra, entonces me vi en la necesidad de ponerme a escribir, para que las mujeres del futuro que quisieran acercarse a la Décima pudieran  encontrar repertorio escrito por mujeres. Sentí que había una urgencia por generar textos en décimas desde una perspectiva femenina. Ahí agarré valor y me puse a escribir casi al mismo tiempo en que iba aprendiendo de los maestros campesinos.

Desde lo musical y lo político, ¿cómo se entrelazan tus inquietudes artísticas con tu visión crítica sobre Valparaíso y la realidad cultural del país?

–  La respuesta te la podría resumir en un verso de Atahualpa Yupanqui, que cuando lo leí me dio una brújula de lo que sería mi camino poético/musical: “Hacer nuevo lo que es viejo / pa ver al mundo cambiao” y eso lo puedo complementar con unas líneas de una décima de mi autoría donde termino diciendo “la música es mi trinchera“. La palabra y la música son mi trinchera amorosa, mi “arma de reconstrucción masiva”.

Desde el amor, mi terapia, la palabra es mi superpoder y, te confieso que, desde que descubrí aquello, ya no hago sólo letras, sino conjuros. Y todas estas magias son las que les transmito a los niños en el aula. 

Tanto la música, como la poesía son mis manera de aportar a hacer de este mundo un lugar mejor. Para mí el escenario y la educación artística van de la mano, si no estoy en el aula entregando mi arte, de nada vale todo lo que diga sobre el escenario. Estoy convencida de que el aula es una trinchera importantísima para la re-evolución humana y puedo asegurarte que la única manera de levantar Valparaíso y de superar la crisis constante que significa sobrevivir del arte en este país, es entrando a las aulas a reeducar a las infancias. 

El arte para mí no es un adorno del jolgorio y la fiesta, es una herramienta de transformación social que los artistas nos estamos farreando al no usarla para transformar el mundo y mientras no entremos a las aulas, nuestra dura realidad tampoco va a cambiar, porque hay que educar a este país para que se respete nuestro trabajo. Pero pasa que esto es un trabajo a largo plazo también, nosotros no vamos a ver este cambio de paradigma, pero estamos sembrando en dignidad para las nuevas generaciones de artistas y es más fácil no hacer nada y quedarse en la comodidad de echarle la culpa al sistema o al país en que vivimos. Yo he comido toda la vida de la fruta de árboles que no planté, así que lo mínimo que puedo hacer es sembrar algo para las futuras generaciones.

Estás trabajando en un disco de boleros junto a tu banda. ¿Qué te inspiró a explorar este género?

– Mi inspiración nace desde dos lugares. Por un lado, como Cantora Porteña me sentía con el deber de componer un par de boleros y, por otra parte, me pasa con el bolero algo similar a lo que me ocurrió con mis inicios en la décima. Siento que las y los porteños estamos al debe con la creación. Si bien me parece importante que la tradición siga resonando en nuestras voces, creo que no podemos seguir cantando para siempre los mismos boleros que venimos cantando hace cien años, alguien tiene que ponerse a componer repertorio nuevo y bueno, en ello estamos.

¿Qué historias o emociones estás buscando transmitir con este disco?

– Se sabe que el bolero por tradición es full “latin drama”, mucho sufrimiento y mucho amor romántico tóxico. Mi idea es, a través de este disco, transmitir totalmente lo contrario. Más que hablar de amor, habla de la pasión y el deseo, de la parte bonita del amor. También hay un par de canciones que hablan de Valparaíso. En resumen, podría decirse que es un disco que habla de amores, pero de otro tipo de amores.

¿Qué es para ti SIMUVAL? ¿Cómo ha sido tu experiencia participando?

– SIMUVAL para mí es familia. En general los miembros siempre decimos que somos una familia musical. Dentro de la desprotección en la que vivimos los artistas de este país y la precarización constante a la que estamos expuestos, ser parte de un sindicato de músicos nos da cierto soporte y apoyo, lo que hace bastante más llevadera nuestra situación. 

Para mí, personalmente, estar formalizada dentro de un sindicato como música independiente me ha permitido contar con un lugar seguro de trabajo, que en este caso son los troles, donde me siento bastante más protegida “haciendo gorra” que en la calle o en el metro.

Sobre el dossier que están desarrollando: ¿qué los llevó a identificar esta necesidad y cómo crees que impactará en las vidas y oportunidades de los músicos?

– La idea del proyecto nace desde la necesidad concreta de poder mostrar de manera profesional nuestro trabajo como sindicato. Somos un sindicato muy diverso, entonces habíamos personas que teníamos un portafolio muy profesional, mientras otros colegas no tenían ni siquiera una foto de alta calidad, ni tampoco contábamos todos con material  audiovisual de alta calidad. 

También estamos convencidos de que la única manera de levantar Valparaíso como Ciudad Creativa de la Música y que estemos a la altura de las circunstancias tras la declaratoria de UNESCO, es primeramente la profesionalización del sector y creemos que lo más básico para caminar hacia ello, es tener un portafolio profesional que pueda validar nuestro trabajo.

¿Quiénes están participando en este proyecto y cómo ha sido el proceso de colaboración y desarrollo?

– Hacer equipo en nuestro rubro no siempre es fácil, han sido hartos años de ensayo y error. Pero hemos logrado consolidar un equipo de trabajo con gente seria y profesional con quienes venimos trabajando desde hace tiempo desde la colaboración y el apoyo mutuo. Con ese mismo equipo humano estamos trabajando en este proyecto, porque hemos aprendido que es un recurso clave en la subsistencia dentro del ecosistema creativo, que hay que aprender a valorarlo y cuidarlo. 

Eso representa para nosotros tanto Agencia LOVA, como Reno Foto y Vídeo. Además René Rojas, pertenece a la Cooperativa de Vivienda Casa Artista (primer proyecto de subsidio de vivienda para artistas que existe en nuestro país), de la cual yo también soy parte y que me gustaría mucho replicar con mi sindicato, porque creo que Valparaíso como ciudad creativa debería tener muchas cooperativas de vivienda para artistas y para mí era muy importante comenzar a establecer vínculos entre este proyecto que es pionero en Chile y nuestro sindicato.

Más allá del dossier, ¿qué otras iniciativas están impulsando desde SIMUVAL para apoyar a los artistas locales?

– Nuestro próximo paso siguiendo con esta línea de trabajo de aportar a la profesionalización de nuestro sector, será enfocarnos en obtener los recursos para contar con equipos de sonido y amplificación de alta calidad propios, lo cual es fundamental para cualquier organización de músicos, lo cual nos dará más independencia y nos permitirá poder ofrecerle una mejor experiencia al público en nuestros eventos y también poder ponerla al servicio de otras causas de la comunidad. El otro punto que queremos abarcar,  siguiendo con el mismo lineamiento, es con respecto a nuestro ejercicio musical y la nivelación de conocimientos musicales: ofrecer asistencia de fonoaudiología para los cantantes, para prevenir daños vocales, kinesiología para músicos para evitar lesiones a causa de la ejecución del instrumento, clases de armonía y teoría musical, etc…

Escucha la música de “La Charawilla” en el siguiente enlace.

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